Historia de Concierge

La raíz etimológica de la palabra concierge proviene del latín "conservus" o esclavo, vieja derivación que nos regresa a las épocas feudales: "de comte des cierges" o "el guardián de los candiles" que era la persona encargada de complacer cada deseo o petición de las visitas reales a los palacios.

Durante la edad media, la profesión se extendió a Europa y en ese momento comenzaron a ser los guardianes de las llaves en notables castillos y edificios de gobierno. Hay incluso una famosa prisión en Paris llamada “La Conserjería” en honor al guardián que custodiaba las llaves y asignaba las celdas.

El término “le Portier” apareció por primera vez en Francia en el año de 1195 y fue introducido por el Rey Luis XI quien lo usó para referirse a los oficiales del palacio real y su trabajo consistía en proteger al Rey en su castillo. Después de la muerte de Luis XI esa jurisdicción fue delegada en parte a otros oficiales de la corte (he aquí donde aparecen los concierges).

Con la caída de la monarquía, entre el siglo XVI y XVII, la profesión del portero tomaba un nuevo rumbo y nombre. La aparición de diversos hostales durante ese periodo dio paso a los hoteles de negocios que comúnmente conocemos hoy. Al paso que esta industria se ha desarrollado, el portero cambia su nombre a Concierge pero continúa con sus ancestrales tradiciones y se considera como un ingrediente indispensable de servicio que caracteriza a los hoteles de clase mundial.

En el siglo XVIII, el incremento de viajes por tren y barcos de vapor forzó al crecimiento de los hoteles de negocios y placer, es cuando nace el concierge hotelero. A través del tiempo la evolución del portero a concierge ha marcado una rica tradición en el cual la combinación del “savoir-faire” (saber hacer) y tacto juegan un rol fundamental.

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